Bordando ansiedades

…Como si se tratase de una liturgia, hundió los dedos y sintió como las pequeñas lentejuelas incandescentes se los tragaban. La aguja conspiraba otra vez y dolió más.
Cerró los ojos y comenzó a mover el pequeño metal hacia adentro. Sentía que la aguja formaba parte de su pulgar. Cuando ya no pudo aguantar más la sacó. Quedó maravillada al ver como la piel se adhería a la aguja, hasta que una gota de sangre coronó el secreto, que solo sus labios conocían.